Etica, la antigua palabra griega (hqikh) como toda otra verdadera, ha tenido a lo largo de 2.500 años un destino que le ha dado, a través de infinitos discursos, el sentido definitorio de "conducta", cualquiera sea el módulo verbal que la cuestione en distintas interpretaciones (1)

Aquí estamos ceñidos a una circunstancia precisa: la " Ética en Medicina". De la escueta crisálida verbal originaria, labrada como un canto rodado por siglos de pensamiento, pasó de cultura en cultura hasta alcanzar ahora, en el Mundo Occidental, uno de los significantes más precisos y nobles de la libertad en tanto ésta se defina como elección autónoma de conducta y deber, "rostros" de la Ética.

Así entendida, consiste y reside en una relación directa entre hombre y hombre pero no según un Imperativo, sino elección libre entre voluntades conscientes. Si hemos apelado a la libertad como base primordial de la Ética es porque si una conducta deviene obligatoria, anularía su contenido ético "per se" siendo que es un índice que indica la opción única posible, por libre resolución.

Esta manera de ceñir la Ética, fuera de las características "entre Escuelas", es la que nos pone en tema: "Ética en Medicina".

Pero es aquí necesaria una norma expositiva, una precisa definición de cuál es la Ética que provee a la Medicina de su sustentación y cuál es su índole específica.

Apelamos a la clásica distinción entre "Ética Material" y "Ética Formal", de antigua raigambre.

La "Ética Material", más antigua, es heterónima, utilitaria y transcurre según la axiología vigente en su momento en el seno temporal de una cultura. Lo decisivo, lo definitorio de ella es que el hombre la acepta incondicionalmente, la cumple, pero no se compromete, en sí, con ella. En otras palabras, es la Ética Social, comunitaria y transgredirla compromete la "situación" del transgresor.

Basta no quebrantar las "normas" que la caracterizan. Caso contrario, el sujeto queda "en falta" o "en pecado", y punible.

La Ética Formal es aquella que hace la apuesta en el ser, (ver más adelante). Es absoluta, rigurosa, subjetiva. Es sustancia en la sustancia del hombre. Posee a éste más que es poseída por él. Nace y vive de una libre adopción, total, porque compromete en totalidad a su cumplimiento.

En cada instancia necesaria está íntegramente presente.

La "vocación" médica es radicalmente vocación al Bien. Sea a partir de la naturaleza real del protagonismo en continuado proceso de educación moral (2) sea acaso, por la evolución de una conciencia primordial, unánime y universal que se fuera dando a lo largo de las generaciones, en un sentido cada vez más profundo, como algo propio en el existir del hombre.

Si es posible anotar el Bien como "más" y el mal como "menos" en cuanto a resultados de sucesos, la sorpresa fundamental de la conciencia en un hombre, cualquiera su tiempo, consistiría, primero, en conocer el bien y luego reconocer el mal, al padecerlo.

Si todos los seres vivos están englobados en el existir biológico (Bios), en el hombre, este existir deviene "existencia", que es "la conciencia del existir" , lo cual significa "asunción del ser". Es decir: ocurre una fundación ontológica del siendo en el soy; en el propio ser de cada uno, de lo que derivará la humanización como hecho ineluctable de conciencia. El hombre ya no podrá renunciar a ser hombre. Anclaje definitivo en lo humano. Humanización del homínido, y base y asidero en la conciencia de libertad que termina siendo la libertad misma.

Una consecuencia es que la libertad es menester sea racional por ser consciente. Lo racional y lo consciente son evolutivos como lo prueban la Antropología y la Historia, y en su transcurrir y desde muy lejos, devienen en conducta para terminar en deber. Si esto es así, la Ética constituye, o es, el punto de encuentro y concordancia entre conducta y deber en la conciencia del hombre. Cierto: también se puede estar ausente. Millones de seres han desertado y desertarán de este encuentro. Pero ni vacíos de conducta y de deber pueden anular el valor de lo humano ni podrán destruirlo.

Otra vez en el tema, si en alguien se da aquella vocación invocada, acaso aún no reflexionada suficientemente, indica el tropismo hacia el bien, para terminar conociendo y fundando la raíz y naturaleza de esa vocación. Habrá, en quien ha así elegido, un inacabable andar ineludible e irrenunciable hacia aquel suceso del encuentro, y no para llegar a asistir a él, (el nuevo médico ? ), sino para quedar en él inserto de principio a fin; cumplimiento de la hermosa elección de ser médico.

La Ética ya está inevitablemente y para siempre en él, ya que la Medicina es la matriz donde aquella habita a través de sus constantes testimonios.

Nos atrevemos a pensar que la Ética no es un valor a pesar de haber sido tomada por la Axiología. Porque "un valor es valor en tanto vale" (Heidegger), y el concepto de Ética que aquí hemos esbozado trasciende todo lo transitorio; no es mudable y tiene la perennidad íntegra propia del hombre en curso inacabable de humanización. Porque la "Ética Formal" tiene trascendencia o vigencia intemporal. En el mundo se convierte en un suceso permanente, repetitivo, sucesivo, y al mismo tiempo cotidiano y simultáneo; en una asunción total del tiempo y lugares que no pueden medirse. Es un "presente " continuo.

Y en lo particular, en lo que a la Medicina concierne, su Ética propia se convierte en la matriz ejemplar de los actos médicos específicos a través de su propio testimonio de conducta y deber. Está manifiesta en todo acto médico que aparece como impronta y que, cumplido, desaparece para renovarse multiplicado en otras instancias inmediatas, inacabablemente.

Este es el hacer médico universal y, de un modo paradojal, es como una "ucronía" (sin tiempo) y como una "utopía" (sin lugar). Porque no tiene asiento concreto ubicable en un todo ni tiempo posible de mensurar. Tales los infinitos del acto médico y sus infinitos bienes que traspasan todos los horizontes y todos los márgenes de medida.

La "Ética Médica Formal" es el hecho esencial de la Medicina. Está antes y más allá de toda normativa, de todo Decálogo, de todo Juramento académico, de la suma de Declaraciones solemnizadas, (Ginebra, Helsinki, Tokyo, Edimburgo, etc.), de países y universidades y que figuran estampados en todas partes y a los que se acude constantemente para añadirles sobreimpresos. No decimos que sean innecesarios, pero, en definitiva, son como palimpsestos figurativos ya que no pueden suceder a lo que no ha sido necesario escribir. Porque la "Ética Médica" y / o "Ética en Medicina" es una constante vivencial en el médico; es la máxima tutela que lo conduce en su menester; es el "Sésamo" que abre los caminos del bien saber, del bien querer y del bien hacer, brújulas que aseguran y obligan el andar el estrecho sendero del obrar según un amor sin nombre y sin rostro.

La Ética Médica es autónoma, es libre; vive en actos y sin palabra. Vive de urgencias y no tiene tiempo pactado de reposo. Es cotidiana, habitual y da testimonio constante de sí misma.

Si la Medicina se convierte en misión es porque su Ética específica la conduce. Es la Ética la que ha llevado a tantos hombres médicos a la entrega de vida, sacrificio. abnegación, santidad y honor y amor reverencial de la posteridad. Sería como un altar laico en el que todos los médicos comulgan.

Hay una definición muy precisa para la Ética Médica respecto de su naturaleza y vínculo en la Ciencia. Cabe aceptar que el pensamiento científico y el pensamiento para la conducta están estrechamente unidos en cuanto para que ambos sean pasibles de relación debe de mediar en el ser existente " el sentido significante de valor (3) según el discernimiento y la prueba del existir del ser según la volición.

En otras palabras: no tiene sentido o significación el pensamiento sin intencionalidad ni la intencionalidad sin pensamiento.

En la Ética Médica este suceder es capital y, una vez más, definitivo. Siempre, todo comienza y termina en la autonomía del individuo que es quien decide.

La encarnación de la Ética Formal en aquél sella la naturaleza de la Ética en Medicina. Reaparece el problema capital de la libertad. Paradoja? Si el libre arbitrio finca en la opción, la libertad no tiene libre arbitrio. Será como debe ser o será un fantasma mental. Consecuencia: la Ética será la Ética Formal como definición máxima de su naturaleza. Por supuesto, la Ética Formal no es exclusiva de la Medicina ni excluyente. En la situación médica, nada del hombre y de su hacer puede eludirla. Así, todo pensamiento médico, todo acto médico tiene el subrayado de ella porque está, inclusiva, en el médico.

Es por todo esto que no debemos confundir la Ética Médica con su predicación, ( pecado obligado que cometemos en estos Comentarios).

Con la Ética el médico alcanza su más alta y noble expresión; porque su obra total es buena. Porque en él reside para revelarse siempre, su forma decisoria por el Bien. Es como el camino que precede al caminante, trazado para ser transitado como senda única, en medio de la intemperie de la vida, del dolor y la muerte.

Nota. Es impredecible concebir en el siglo próximo la evolución de las ideas acerca de la Ética, fuere a través de escuelas, conceptos, doctrinas, etc., sobre todo en el campo del saber científico. La misma Epistemología será reformulada.

En atención a ello. este escrito ha apelado, como referente exclusivo, al modelo clásico distintivo entre " Ética Material" y "Ética Formal". Con la única razón de que ambas involucran, puntualmente, vez por vez y siempre, al individuo en libertad total de opción por una u otra. Este suceder, creemos no será modificado en tanto exista como posible la libertad en el hombre, aún condicionando o en sometimiento.

(1) Sabemos que hay muchísimas Escuelas de pensamiento acerca de la Ética en las que se hace su consideración conceptual, cuya sola mención superaría la extensión de este texto. Referente a esto, ver Hospers.
(2) En el sentido corriente y habitual del término, pero que termina dando ejemplos de conducta en el pensar y en el obrar.
(3) No en sentido axiológico sino en el ya expuesto.

Bibliografía:
Hospers J. "Introducción al análisis filosófico" 2 tomos. 1980. Alianza Editorial Madrid.

Este documento fue presentado ante la Reunión que la Asociación Latinoamericana de Academias Nacionales de Medicina llevó a cabo en Madrid en noviembre de 1997.

 
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